Toxicidad, ciclos negativos y control emocional

Actualizado: 17 de dic de 2020

Nadie puede insistir en dar lo que no tiene sin dañarse a sí mismo en el intento. Los conflictos de pareja siempre sacan a relucir nuestros propios demonios. El atascamiento adictivo en ciclos emocionales negativos (a veces se habla de dependencia emocional) es uno de esos demonios, viene de una herida no sanada en nosotros mismos, y es vital distinguirla de la sana interdependencia en la relación. Una sana interdependencia no debería anularnos como personas, aunque este miedo irracional pueda ser común y nos aleje de la intimidad, tan necesaria en todo sentido.


Rainer María Rilke dijo: "El amor consiste en esto, que dos soledades se protejan y toquen y se acojan una a la otra".




Tampoco es lo mismo control emocional que compromiso libre. En definitiva, cuando existe enclochamiento en ciclos negativos y control emocional existe toxicidad o disfuncionalidad. Vamos enfermando nuestras relaciones.


En nuestra última entrada, además de hablar de los motivos interiores de alguien que padece de la llamada "dependencia emocional" (evitar la soledad, necesidad extrapolada de aprobación de los demás siempre, sin tolerarse la crítica constructiva, o las críticas de personas que no deberían importar) y de cómo se empareja con alguien quien termina controlándole, señalamos el problema subyacente en este tipo de relación tóxica.


Dijimos al respecto que todo lo que me hace un ser único, irrepetible y por lo tanto valioso y digno de ser amado (como dignidad, capacidad de autogobierno, mundo interior único, etc.) no son reconocidos ni respetados. Quien controla al "dependiente emocional", termina pisoteando lo más profunda y originalmente personal de su pareja (consciente o inconscientemente).


El control se ejerce por medio de armas sutiles pero también bruscas, que pueden tomar la forma de tratos inoportunos -aunque no siempre intencionados-, indiferencia, frialdad, manipulación, utilitarismo, etc. El común denominador es hacer dudar de sí misma a la persona controlada, quien se sume en un círculo vicioso de pensamientos y emociones que no le dejan ver claramente qué está sucediendo.


Cuando la dependencia y el control empiezan a tomar forma en la relación y las cosas comienzan a torcerse lo que suele sentirse es lo siguiente: las personas se sienten perplejas, pueden reconocer de manera vaga que algo no va bien, y pueden culpabilizar a su pareja de no hacer las cosas bien, o culpabilizarse a sí mismas, y pensar que en realidad no son lo suficientemente buenos e inteligentes, o no dan lo suficiente como para llevar la relación por buen camino (Stenack, 2005). Generalmente esto último es lo que piensa y siente la persona que es más sumisa en la relación, la que parece estar saliendo más "por dentro".


Es importante aprender a detectar tempranamente si está iniciando una relación tóxica de este tipo. La primera señal es esa sensación vaga de que algo va mal, la cual suele darse con la creencia incorrecta de que las cosas acabarán resolviéndose por sí solas. En esta etapa no suele poder determinarse una serie concreta de cosas por cambiar y por hacer que se pueda alegar (Stenack, 2005). Pero esto no quiere decir que no deba examinarse la relación para ver si se está construyendo de manera sana.


Podemos reconocer que las cosas siguen creciendo en toxicidad cuando el otro deja hacer las cosas que nos hacen sentir reconocidos por quienes somos (lo veamos nosotros o no), y en su lugar lo que hacen es reaccionar amordazando nuestra “libertad de ser”, de “amar”, nuestra dignidad (condición mereciente de amor), nuestro mundo interior único, y nuestra capacidad de de situarnos en la realidad y juzgarla.


Evidentemente, estamos ya en un proceso tóxico y enfermizo que requerirá medidas decididas y bien encauzadas, se deje o no a la pareja, habrá que poner límites entre los dos y realizar cambios interiores.


Según Consgost (2019), podemos saber que estamos en una relación de dependencia mal encauzada cuando:


1) No se manifiesta claramente la correspondencia en el amor y nos empeñamos en negarlo: el otro ya no nos quiere, o nunca nos quiso, y nos lo dice (a lo que si estamos enclochados en un ciclo negativo, respondemos exigiendo compasión del otro, de manera desesperada: “no me dejés”, “voy a cambiar y ser más como a vos te gusta”, inclusive haciendo cosas que no encajan con nuestros valores) o bien no nos lo dice y terminamos siendo manipulados por el ciclo negativo: nos dice cosas que queremos oír (“me gustás mucho”, “te quiero mucho”; “no hay nadie como vos”, “no sé qué haría sin vos”, “somos el uno para el otro”, etc.) pero por otro lado nos trata mal, ocultándonos cosas, no se preocupa de cómo estamos, ignora nuestras necesidades de atención, cariño, respeto, etc.


2) No puedo ser yo mismo (a), y dejo de serlo para que el otro me acepte y no me deje: ya no logro, o nunca logré, abrir espacios y formas de decir las cosas, realizar los trabajos, pasatiempos y demás cosas que me definen como individuo, y que despliegan mis talentos y forma de ser única en el mundo. Termino por no reconocerme ni encontrarme.


3) Hay maltrato psicológico o físico: el maltrato físico es obvio, pero quizá es más peligroso, por sutil, el maltrato psicológico, y está más difundido de lo que pensamos. Se manifiesta claramente en los comportamientos que nos quieren controlar. Se da cuando la otra persona nos prohíbe cosas, nos obliga a hacer cosas, nos insulta, nos denigra, menosprecia, ningunea (nos ignora, dejando de hablarnos por 3 días si se enoja con nosotros, por ejemplo).


En todas estas situaciones se mina nuestra capacidad de mantenernos dignos e íntegros (sanos), y nos vamos destruyendo por dentro, inclusive hasta dañar nuestra salud física. El primer paso siempre será tomar conciencia de lo que sucede, para hacer una pausa en el camino y entender cómo podemos cambiar la situación de manera que podamos aprender a conocernos y respetarnos realmente el uno al otro y, hecho esto, decidir si podemos replantear la relación respetando nuestras necesidades personales más íntimas de amor, entrega y aceptación incondicional.


En nuestra entrada anterior podés encontrar preguntas concretas que indican dinámicas negativas que conllevan control emocional y que puden significar que estás con la persona equivocada, o bien que ambos han dado paso a una dinámica relacional equivocada. Si respondés que sí a varias, vale la pena empezar a gestionar un proceso de cambio, aprendiendo a expresar y entender las necesidades y anhelos de intimidad, poniéndo límites y respetándolos. En algunos casos estos límites pueden significar una separación. En otros, un aprendizaje y reconexión que nos hagan ser más persona a cada uno.


La intimidad representa la unión de dos identidades sin que ninguno de los dos pierda sus cualidades propias (Erikson, 1963).


Trabajamos por tu bienestar y el de los tuyos, tu calidad de vida es primero. Estamos a un click de distancia.


María José Arias, M.Sc.

CEDITEF

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