La vocación del terapeuta


Si me hubieran preguntado en el colegio, yo iba a ser periodista, de esas que andan por todo lado y viven muchas aventuras, o publicista, de esas que se reúnen con muchos ejecutivos y planean el anuncio perfecto para vender. También hubiera sido bióloga...me parecen obvias las razones, tienen que ver espcialmente con estar inmersa de la belleza natural y de paso ganar salud mental.


Terminé estudiando psicología, una carrera en la que me apasiona aprender cosas nuevas todos los día, y una opción que tenía guardada adentro y fui sacando, con ayuda de las circunstancias que me fueron también moldeando. Hoy, fecha en que celebramos el Día de la Persona Profesional en Psicología (en conmemoración a la aprobación de la Ley que funda el Colegio de Profesionales en Psicología de Costa Rica, en el mes de noviembre del año 1977), voy a aprovechar para tocar unos puntos muy básicos, quizá olvidados de la vocación del terapeuta.


La frase que mejor describe qué es un terapeuta para mí es "hay caídos que se levantan levantando caídos", de José Narosky. Un psicólogo no es alguien perfectamente sano, puede caer también, y muchas veces, puede estar herido, y mucho, pero se ha ocupado de reunir las mejores herramientas y el mejor mapa para levantar a otro caído y encontrar juntos el camino. Parte de esas herramientas consiste en conocer nuestras heridas y tratarlas, para no sangrar por ellas ni contaminar las de otra persona con las nuestras.


Cuando pienso en los caídos que se levantan levantando caídos, la primera inspiración que recuerdo como tal fue el personaje que interpretó un jovencísimo Christian Bale (ganador del Oscar) en “El Imperio del Sol” (Steven Spielberg, 1987). Una de las películas favoritas desde que tenía unos 12 años, de las que más me había hecho llorar, cuando ni me imaginaba que quizá moldeó mi elección profesional. Mucho menos que estaría confesando cómo, algo que hoy quiero compartir acá.


Me enamoré de Jim (Christian Bale), viviendo en una situación de guerra y desarraigo muy dura, que lo hizo pasar de ser un niño mimado, ingenuo y tal vez sobreprotegido, a un chico que pudo adaptarse en la adversidad, generar vínculos y un sentido de superación en el que aprendió a ver y atender la necesidad y humanidad de los demás, ganándose el respeto de todos, inclusive del bando enemigo, a pesar de ser uno de los más vulnerables del campamento de guerra en el que se encontraba.



Su personaje Jim, era un niño de 11 años vulnerable, que poco sabía de lo dura que puede ser la vida, pero que admiraba y reconocía la valentía en los demás, tal como lo vemos en uno de los diálogos de la película.


-Dr. Rawlins: ¿Admiras a los japoneses?

-Jim: Bueno, son valientes, ¿no?

-Dr. Rawlings: ¿eso es importante, no?

-Jim: es algo bueno si quieres ganar una guerra.


No sé, el personaje y la actuación me tocaron las fibras más hondas. Las que hoy saben por qué es tan importante que haya un espacio adecuado, respetuoso, cálido y efectivo para que las personas puedan procesar sus golpes, traumas y heridas, que todos los tenemos o los tendremos.


La vida es una lucha, a veces se vive como una guerra, y muchas veces el enemigo contra el cual peleamos está muy bien escondido dentro nuestro en forma de pensamientos irracionales, falta de confianza en nosotros mismos, malos hábitos, déficits neurológicos y afectivos, etc., alimentándose a la vez de dinámicas familiares y relacionales disfuncionales. Por eso necesitamos sacar fuerzas de flaqueza, reunir la ayuda que necesitamos y aprender a ser valientes.


Somos seres sociales, y especialmente en situaciones difíciles, o cuando advertimos que se avecina un momento de crisis, todos necesitamos rodearnos de personas que nos apoyen y nos ayuden a sacar lo mejor de nosotros mismos. Cada vez se hace más familiar la figura del terapeuta, conformen aumentan los desequilibrios psicológicos en un mundo que exige y corre a mil por hora.


Los orígenes de la palabra “terapeuta” se pueden rastrear en la antigua Grecia, del griego therapon/therapontos, que en Homero (siglo VIII a.C.) designaba al compañero de un guerrero que le sirve de escudero, conduce su carro, le ayuda a ponerse la armadura, etc. También se pueden rastrear sus raíces en la palabra théraps, que significa servidor (Etimologías de Chile, 2011-2020).


De otras indagaciones, se ha dicho que en tiempos de paz el therapon era el consejero de más confianza del rey. Durante la guerra, era su guardia personal, quien peleaba a su lado (Miller, 2020). En la Biblia therapon significa servidor (asistente, auxiliar, acompañante, guarda, cuidador), un servidor fiel quien voluntariamente sirve a otro, como un amigo sirviendo a otro de manera sensible, tierna y noble (usado solamente en Heb 3:5).


Moisés es llamado un “fiel therapon (servidor/sirviente dispuesto) de la casa (pueblo) de Dios” (Bible Hub, 2004-2020). Quien gobernar/reinar que se gobierne a sí mismo, y esta virtud, o señorío de uno mismo se pone muy a prueba en el servicio a los otros. Que quiera gobernar, que ponga a servir. Si quiero ser referente y guía en mi faceta profesional (y en cualquiera de mis facetas) más me vale que estoy para servir en esa faceta, para entonces poder trabajar con calidad y humanidad.


Cuando pienso en mi vocación como terapeuta, pienso que todos la tenemos o debemos de tener en alguna medida. Cuántas veces nuestra motivación para resistir y vencer las pruebas de la vida es otra persona (o personas) u otro ser que depende de nosotros, que lo  digan los padres, que lo digan muchos hijos que no quieren hacer sufrir más a sus padres o cuidadores, que lo digan los médicos (especialmente en tiempos de pandemia), que lo diga la gente que cuando trata con gente en su trabajo, en su comunidad, caminan la milla extra cuando ven a alguien vulnerable, desorientado, quizá sobreactivado o congelado (traumado), quizá inflado de ego pero sufriente y herido en el fondo.


Cada vez que no se actúa en automático con estas personas, y se da lo mejor de nuestra humanidad según la circunstancia lo permita, se es un caído que se levanta levantando un caído. Como ven, cuando reflexiono sobre el quehacer terapéutico de mis colegas y yo también viene a mi mente esa frase del aforista y multifacético José Naroksy, la frase de los caídos que se resisten a encerrarse en sí mismos, por más que existan obstáculos.


Es todo un ejercicio de realismo (del esperanzado), ubicador, de uso humilde de la palabra, de volver a mirar de dónde venimos para retomarlo con amor y proyectarlo en la vocación. Espero que esto haya servido para cambiar la imagen equivocada que a veces se tiene de un terapeuta.




María José Arias, M.Sc.



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