Drogas, hijos y crisis por el Covid.

Actualizado: 8 de nov de 2020

Hoy queremos rescatar un tema importante que la situación y manejo del Covid puede, entre otras, llegar a cronificar en el estado mental y afectivo de las personas, el aumento en el abuso de sustancias como efecto colateral de la situación de estrés e incertidumbre vividas con la primera y segunda ola de Covid.


Celso Arango, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP) y director del Instituto de Salud Mental y Psiquiatría del Hospital General Universitario Gregorio, ha expresado su preocupación por el aumento de sintomatología atendida en las personas que no tienen acceso restringido a los servicios de Psiquiatría durante la crisis del Covid, y que por lo tanto pueden recibirlos: los profesionales sanitarios.


El estima que el porcentaje mínimo de incremento en los trastornos de salud mental debería ser un 20%, aunque no esté aumentando la demanda de atención en este campo en el común de las personas. De manera que no aumenta la demanda porque no haya necesidad, sino porque el nivel de atención primaria está colapsado por los casos de Covid, relegando e ignorando las necesidades mentales, especialmente las patologías crónicas.


Para su cálculo señala que si tomamos en cuenta que con la crisis financiera del 2008 la atención en este tipo de trastornos se tuvo que ampliar al 20%, el estimado mínimo de aumento en problemas de salud mental hoy tendría que estar parecido o superarse


Cuando los centros de salud se concentran en las urgencias, como ahora, se dejan de atender las patologías mentales crónicas y también síntomas emergentes en el contexto de la crisis por el Covid, que ya va por la segunda ola en muchos países. Sin la atención debida, tal como la había antes, y con una ya activada y próxima segunda ola de Covid en todo el mundo, Arango previene que aumenten los problemas relacionados con:


-Abuso de sustancias.

-Problemas relacionados con trastornos de ansiedad.

-Problemas relacionados con trastornos afectivos.

-Estrés postraumático.

-Trastornos del sueño.

-Aumento de problemas de ludopatía.


El abuso de sustancias es algo que le puede pasar a cualquiera, y en cualquier familia. La drogadicción es un conflicto multidimensional, y en el caso de ser los afectados jóvenes o adolescentes aún en desarrollo y dependientes de los padres, requiere una intervención intergeneracional efectiva. Es decir, los padres o encargados casi siempre son imprescindibles en la prevención, detección y solución del problema.



En la drogadicción incide no solamente la propensión psicosocial y biológica del individuo a los procesos adictivos, sino que entra en escena la combinación de otros factores de riesgo o protección que existan en la familia, comunidad, escuela, grupo de iguales, y las cuestiones que tienen que ver en sí con sustancia que se consume.

Aun conociendo los factores de riesgo y protección es imposible predecir qué personas caerán en una conducta adictiva y qué personas no.


Lo que sí se puede hacer es fomentar los factores de protección desde que el niño es pequeño y si esto no se ha hecho, nunca es tarde para rectificar y mejorar, independientemente de la fase de consumo en la que esté el hijo/a (experimentación, uso ocasional, etc.).


El psicólogo no solamente deberá evaluar y trabajar la combinación de factores de riesgo y protección sino que deberá “psicoeducar” y motivar a los padres para que continúen esta tarea en el hogar (Pino, 2020), que es el ámbito por excelencia en donde se viven las experiencias más importantes y de la manera más natural.


Siempre y cuando haya disposición de ambos padres a conocer sobre los diversos cauces que han llevado a su hijo/a consumir, se asuma la responsabilidad pertinente como principales educadores y puedan comprometerse a poner en práctica las pautas recomendadas por los expertos en adicciones en jóvenes y adolescentes, el panorama solamente puede mejorar.


Evidentemente, no todo es tan fácil, a veces las dinámicas familiares, estilos educativos y las formas en que enfrentamos el estrés social e interno (intrafamiliar) no son óptimas, o son disfuncionales, de manera que el nivel de desmotivación de los padres frente a las pautas que se les recomendarán en terapia significará un esfuerzo y trabajo emocional de peso.


Existen de hecho estudios sobre las vivencias educativas en las familias muy interesantes, que muestran por ejemplo que el 40% de los padres y madres dice no manejar adecuadamente los conflictos de convivencia con sus hijos, cerca del 33% considera que no es capaz de educar bien, que no sabe hacerlo; mientras que alrededor el 20% dice sentirse desbordado por las exigencias económicas de sus hijos (Rivas, 2013).


De repente el reto de corregir y ayudar al hijo/a que consume drogas pueda motivar y corregir dinámicas disfuncionales, pero no todo el tiempo sucederá así. Cada familia es como un copo de nieve, no hay ninguna igual. De ahí que la tarea del terapeuta familiar es compleja, y debe establecer muy bien las metas y las estrategias de trabajo con la familia y el joven o adolescente con problemas de consumo.


En CEDITEF tenemos un compromiso firme con la promoción de la educación familiar, y por eso nos hemos especializado -entre otras cosas- en el abordaje a jóvenes y adolescentes consumidores de drogas y sus familias. Ayudamos a los padres a involucrar a sus hijos en la terapia, trabajamos con los jóvenes individualmente y con la díada padre-hijo (a) madre-hijo (a), así como con los padres/cuidadores a cargo en sesiones individuales. Esto es importante en la medida en que:


Incluso el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías destaca la importancia de la familia en la prevención del consumo de drogas en su informe del 2006: “El papel de la familia al establecer normas y dar apoyo a los hijos es más útil para la prevención del consumo que la divulgación de la información sobre substancias adictivas”.


Y lo que aquí se destaca de la prevención igual podemos extenderlo al abordaje y solución del problema (…) A estas edades de la que estamos hablando, donde en la mayoría de los casos los chicos y chicas todavía no son independientes y viven en casa, el papel de la familia en la prevención, detección y solución de problemas es básico para que las cosas funcionen. Si el papel de la familia y el entorno siempre es importante, en esta etapa de la vida aun más, siendo un absurdo en la mayoría de los casos intentar llevar a cabo un tratamiento dejando totalmente al margen a la familia del afectado (Pino, 2020).


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María José Arias, M.Sc.

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